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Las historias de los buses son mejores que las novelas mexicanas

  • Leioness
  • 29 sept 2017
  • 3 Min. de lectura

Vivir en una ciudad tiene sus cosas buenas y malas, claro está hay más posibilidades de estudio, trabajo, salud (eso pongámoslo en tela de juicio), entre otras cosas. Existe algo muy importante con lo que cuentan las ciudades y es el transporte público, en Bogotá lamentablemente siendo la capital de Colombia es pésimo. Hoy no voy a discutir sobre la eficacia o más bien ineficacia del transporte público en la amada ciudad que vivo, más bien contaré anécdotas que a todos en algún momento de nuestra vida usando bus o transmi nos ha pasado.


Empecemos con la más común, estamos entrando a la estación cuando vemos el Transmilenio que nos sirve parqueado en la puerta, pegamos un pique de raponero (término utilizado para describir a un personaje que roba a las personas halándole sus pertenencias y sale a correr a mil kilómetros por segundo) para poder alcanzarlo, cuando ya estamos cerca se cierran las puertas y nos quedamos mirando a la gente que está adentro mientras empieza a sonar de fondo en nuestra mente la canción “Sound of silence – Simon & Garfunkel”.


Otra muy común es caerse o resbalarse en la estación del Transmilenio, la peor parte de pasar por este momento es la vergüenza que uno siente al ver que todo el mundo nos está mirando como “pobrecito/a” y con ganas de reírse pero por educación no lo hacen, aunque no falta el imbécil que se empieza a reír; hablando de caerse, que no falten los frenazos, uno de pie pegado de una baranda con un montón de personas espichándonos, hasta que uno termina cayéndose en las piernas de alguien y tras del hecho nos miran como si le hubiéramos matado a la mamá, como si fuera culpa nuestra que el camionero ese que conduce sea un vasto para manejar.


Para aquellos que usan gafas entenderán lo vergonzoso que es ir en el bus y que se le caigan las gafas, mientras todo el mundo ayuda a buscarlas porque uno no ve nada, empieza el pánico de que alguien las pueda pisar, es terrible. Para aquellos que vendemos dulces en la Universidad, entendemos la mirada incomoda de las personas pensando que uno es vendedor ambulante y que en cualquier momento empezaremos a hablar para que nos compren. Pero los peores casos de todos son los morbosos, esos seres despreciables que les da por cogerle el culo a uno, tocarle las manos, mirarlo con deseo, ustedes me disculparán, pero ¡LOS ODIOS ASQUEROSOS!


Bueno, pero no todo es malo, a algunos les ha pasado que van sentados al lado de un chico/a lindo/a y este/a se queda dormido, empieza a cabecear y le pone la cabeza a uno en el hombro o algunos otros han encontrado al amor de su vida en el transporte público, no ha sido mi caso, pero todo es posible, para el amor no hay un lugar o una hora adecuada, solo llega.


En fin, hay miles de situaciones que pasan en el transporte público con las que nos identificaremos, algunas chistosas, vergonzosas, inesperadas o que nos dan muchísimo mal genio y de ellas depende nuestro ánimo del día, tanto que a veces pareciera que tuviéramos más emociones por lo que pasó en el bus o el transmi que por nuestro crush. Además, es mágico cuando vemos personas que llevan dormidas todo el trayecto de viaje y se despiertan precisamente en la parada que se deben bajar; por favor enséñenme a ser como ustedes, please.

-LEIONESS.

Imagen tomada de: http://confidencialcolombia.com/es/1/consideraciones/15086/S%C3%AD-se%C3%B1or-hay-que-salvar-al-Transmilenio-TRansmilenio-bogot%C3%A1-pe%C3%B1alosa-petro-hacinamiento-sobrecupo.htm


 
 
 

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