Formas de perderse
- Camille
- 1 oct 2017
- 3 Min. de lectura
Un día te levantas y sabes que será un día como el resto, en que no soportas más las madrugadas, el transporte público y a tu jefe gritar, entonces decides que harás algo diferente y que no te fallarás más, de repente pones los pies en el suelo y al mirar el reloj las manecillas marcan las 7:40 am, 20 minutos tarde para llegar a trabajar.
Cuando llegas al transporte público, observas cuanta gente está como tú, pero te pones tus audífonos y te vas en un viaje musical. Agarrado del tubo, cierras los ojos, respiras, uno, dos, tres y te vas… De repente, sientes que te pasarás de tu parada y abres tus ojos. Chocas con una mujer de ojos cafés y cabello castaño, te quedas pensando «que hermosa que está», observas sus ojos, su boca y te vas…
«¡RAYOS, QUE TARDE VOY A LLEGAR!», te dices mientras caminas en la multitud. Al bajar, observas una valla que dice: “Lo sueñas, lo vives, aquí y ahora”. Entonces, te pones a soñar despierto y te vas…
Si ganara tanto dinero, iría de viaje a la playa, tomaría cerveza en una piña y no pensaría demasiado…Y así te vas el resto de la mañana.
Llegas a tu área de trabajo y lo que más deseas es no encontrar a ese compañero que por comprar más, compra la felicidad, y te vas…
—Hola camarada, ¿qué tal está?, ¿un poco de café para esta mañana? —pruebas un sorbo de latte y te vas…
Contabiliza, archiva, textea, contabiliza, archiva, textea, contabiliza, archiva, textea, y te vas…
Se hace de noche y huirás con tus compañeros a un lugar donde la música, la cerveza y algo más desbordarán sus cabezas para hacerlos llegar al lugar de nunca jamás. Al llegar a la azotea, observas el cielo, te preguntas: «¿qué es lo que le falta a mi vida?», de repente llega Angélica, te toca el hombro y te vas… Los senos de Angélica son simétricos, pezones rosados, su boca grandiosa. La agarras del cuello y te vas…
«¿QUÉ PASÓ AQUÍ?»
Los rayos del sol acarician tu cara, la cantidad de luz entorpece tu vista y te vas… Prendes un porro, tus ansias se calman, el dolor desaparece, el cuarto verde aparece, la dopamina invade tu cerebro, te ríes y te vas…
—Angélica, que hermosa que estás.
—No te pierdas, vuelve loco.
Abres la llave, las gotas caen, el vapor invade el recinto, el agua caliente toca tus piernas y te vas…
Un desayuno casero, huevos, jugo, tostada y café; la barriga satisface a tu sonrisa y te vas…
El cigarro sin prender que quedó de ayer, te dice: “hola, consúmeme, quémame, enciéndeme, préndeme” y te vas…
Un libro leído a medias ocupa tu preocupación, «debo terminar algo» y te vas…
—Oye chica, déjame tocar una canción que a ti te va a gustar —mientras sacas tu guitarra y te vas…
Se hace de noche y decides caminar, salir un rato al parque, observar las luces nauseabundas de tu ciudad, ves los árboles al caminar y te vas…
Cuando cruzas la calle, vibra tu celular, contestas, una voz dice: “¿sabes llegar?”. Al responder, un carro cruzó, te atropelló, caíste y en el olor a sangre y motor, te fuiste.
—¡Ayuda, ¿quién lo va a salvar?!
—Yo no —dijo Dios pero nadie escuchó y todos se van…
Alcanzaste a abrir los ojos y al ver en el cielo las estrellas, un mensaje en una constelación decía: “La mayoría del tiempo estamos perdidos y aún así, creemos saber lo que hacemos”. Leíste eso y pensaste que al poder contar las estrellas sabrías de dónde venía el mensaje. Una, dos, tres, cua... te perdiste.

-CAMILLE.
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